SER VETERANO

alcala

Este fin de semana voy de nuevo con el primer equipo. No será un partido más, ni será un viaje más. Es la primera vez desde hace muchos años que ya no seré senior. Ahora la perspectiva cambia, el objetivo personal no es el mismo, ahora soy veterano.

Dicen que con 35 años pasas a engrosar esa lista de jugadores llamados veteranos. No creo que debiera ser así y que nadie con menos de 100 partidos a las espaldas merece ser veterano en este deporte. Afortunadamente hace 20 años que toque mi primer balón ovalado así que cumplo ambas condiciones, a mi modo de entender necesarias.

Ahora la idea es no quejarme si no juego y ver cada convocatoria, del primer o segundo equipo, como un premio. Lo que si me he ganado por derecho propio es ser veterano. Seguro que hay uno que pensará “Pollo, no te queda nada hasta que me iguales”, pero no es lo mismo un pilier que un ala o un zaguero. Os aseguro, por todo lo vivido, que no tiene nada que ver. De hecho esa frase que dice ‘Los exjugadores de rugby no existen’ no sólo es mentira sino que seguro que la inventó un delantero, primera línea para más señas.

Hace un año y medio me rompí la pierna entrenando para nuestro querido Seven de Belenos. Nunca he vuelto a jugar bien desde entonces. Para mí ese rugby donde mis piernas hacían lo que decía mi cabeza se acabó. Ahora sólo renqueo para echar una mano cuando hace falta, hace semanas no lo quería ver pero hoy está más que claro.

Este maldito deporte que nos quita y nos da la vida nunca será para mí lo mismo. No por esta nueva condición sino porque hace dos meses Álvaro llegó para colmarnos a María y a mí de felicidad. Por desgracia, meses antes, adquirí unos compromisos de los que ahora no puedo librarme y no tengo todo el tiempo que desearía junto a mi hijo. Perdóname Álvaro, pronto me desquitaré de todos ellos. Y María, que decirte, abrazaste este deporte cuando me conociste llegando a ser una peleona medio melé e incluso en contadas ocasiones capitana de tus compañeras, pero líder en todos los partidos que jugaste. Sabes que me lio sin darme cuenta y a veces quizá debería pensarme las cosas, son sólo unos meses espero que me aguantes como en los últimos diez años.

Siempre he sido un jugador muy discutido en la grada. Para mi cada partido era una nueva forma de reivindicar que era yo quien tenía que jugar y no otro. Se que nunca tuve la confianza de la mayoría de los que estaban fuera. Pero me sobró con la de los que estaban dentro. Tuve muchos entrenadores y de todos aprendí algo pero son Lorenzo, Archilla y Willy quienes no sólo me hicieron como jugador sino que también me ayudaron a ser quien soy.

Gracias a ellos llegué a tener el nivel suficiente para recibir los pases planos de Tavo, las ‘lunas’ de Spencer o el apoyo de Maxi Romano, mis tres referentes que vinieron de fuera. Llegaron muchos más, me acuerdo de mi amigo Mati que no dudo en llamarme desde Argentina cuando nació Álvaro. A todos ellos, gracias de corazón.

El rugby es imposible jugarlo sin rivales y muchos de ellos se partieron la cara contra nosotros y acabaron siendo buenos amigos. Sojo, Jacobo, Gonzalo, Osama, Lucho… y una lista interminable de tipos con una camiseta diferente a la mía, cara de perro al empezar el partido y flamante sonrisa al terminar y darnos la mano. Incluso grandes jugadores internacionales con los que pude compartir minutos frente a frente en partidos de DHB, Copa o amistosos que para ellos no significaban mucho pero que yo tengo grabados a fuego.

Eso fue en la época dorada del club pero que a nadie se le olvide que para llegar a ahí pasamos años de lucha y barro en Regional. Allí aprendimos lo que es este deporte gracias a nuestros veteranos. Cesar, Fernando, Sergio, Papanacho, Maxi, Tito y tantos más. Afortunadamente Ares, que es de ese grupo, sigue con nosotros desde dentro en cada partido. Para todos ellos mi agradecimiento pero sobre todo mi admiración.

No le quito importancia a la formación como jugador de la Liga universitaria. Tan diferente era aquella época de competición entre facultades a la que hay ahora entre Universidades. Hoy tenemos ropa Canterbury y nos rompemos la cabeza para ver que XV será titular. Antes Walter llevaba una mochila con camisetas azules, cada una de un equipo, para dejársela a esos tíos de la grada que ese día jugarían con nosotros porque éramos nueve. A Walter, Echeita, Fernando, Antoñito, Álvaro y a todos mis compañeros del Pakito, gracias desde el alma.

En todo este tiempo el veneno del rugby se me metió tan dentro que quise ser entrenador. Son muchos los equipos con los que he compartido vestuario y muchos los jugadores que espero que algún día se acuerden de algo que les enseñé, aunque estuviera equivocado.

El grupo de Charly, Gitano, Pelos y Carmona (me faltó Coleta que ahora es mi compañero pero era más mayor) fue el que me enseñó. Después llegaron Gálvez, Jorge Águila y Cresta que sumados a Álvaro, Eliseo, Raúl, Quique, Alex y Arturo me demostraron que es cierto eso de que la diferencia entre el querer y el poder se acorta con entrenamiento. Con todos ellos después logré jugar como compañero aunque obviamente por debajo de su nivel, y lo que les queda por conseguir.

Entendí que las chicas se darían por aludidas en la cita a María pero ella misma me ha avisado en facebook. Cierto que también trabajé con ellas, durante algunas temporadas. Ellas sí que lo tienen difícil, más incluso que los universitarios de las facultades sin embargo son quienes te enseñan a tirar para adelante a pesar de los problemas. Guerreras en el rugby y en la vida como Ainhoa, la primer de ellas (a por todas!!!), Lorena, que fue capaz de traerse a sus sobrinas, Alma, Sonia y sobre todo la Helen de la que no se si aprendí mucho pero cada vez que la veo se me pone una sonrisa en la cara.

Fui cogiendo experiencia y tuve el honor de coordinar la escuela de mi club. Sin querer me llegó la oportunidad de entrenar a chicos como Pablo Amo, Adrián, Manu, José, Maitane… pero lo mejor es que llegó con todos juntos y además, con los años, se sumaron jugadores como Telmo o Lautaro. Todos ellos dirigidos por dos superclases que estoy convencido que no tienen límite. Esta discreta carrera deportiva como entrenador me dio la satisfacción de poder trabajar con Iñaki y Facundo, viéndolos jugar me quedo sin palabras. Me acuerdo de Sergio, hice todo lo que pude pero no fue suficiente.

Gracias a que este grupo de locos, en el que nadie confiaba, llegó a pelearse con los mejores de España, y que los Chemas me dieron la oportunidad llegue a la Selección de Madrid. Ganamos el campeonato nacional el primer año con Narváez, Togo, Antoñito Gibaja, Santi, Iñaki, Mata y un grupo increíble de jugadores, ahora internacionales, con los que pude celebrar su primer gran triunfo.

El año siguiente no fuimos campeones pero si fuimos un equipo ganador jugando un partido perfecto para lograr el bronce ante Andalucía. Allí estaban Nele, Alberto Núñez, Tejera (#18), Gallego, Iñaki (que repetía) Louis Jaubert, Facundo… que grandísimo equipo.

Y todos los que están por venir que llevan desde sub-14 trabajando con Bernardo y conmigo. Esos que saben que ‘si salimos más concentrados que el contrario, marcamos primero’.

También acabé entrenando a un equipo universitario. No a uno cualquiera, a nuestro equipo. La UCJC me enseñó la importancia de ayudar en la formación a jugadores que nunca han visto un balón ovalado. Hacerles creer que pueden llegar a ganar a cualquiera y sobre todo que pueden ser un equipo como Toni, su hermano Humberto, Rodrigo, David… Otros que ya eran jugadores y que espero que su concepción de este deporte haya cambiado algo al conocerme como Igor, Adrián, Willy, Miki… Pero de nuevo esta humilde vida rugbística me dio la ocasión de trabajar con otros dos superclases. Dos jugadores que no saben lo buenos que son pero cada día se lo creen más y lo hacen callados, jugando y liderando a este gran equipo, Nacho y Borja. Dos tíos a los que nada puedes enseñar pero a los que es un reto motivar y sobre todo dirigir.

Hay un grupo que me ha enseñado lo que es el rugby desde más allá de la valla. Son mis compañeros de la canallesca. Para ellos va este guiño y un fortísimo agradecimiento. Y si de guiños va la cosa no me olvido de Mar Álvarez y Oti Camacho, dos tías a las que admiro por mostrarme como se lucha de igual a igual y como se las respeta por lo que hacen y no por lo que son.

Pero en todo este tiempo como entrenador (y periodista) seguí haciendo lo mejor que se puede hacer en rugby, jugar. Llegaron al senior todos los chicos a los que entrené una vez pero también mi hermano, pocas cosas en la vida son mejores para compartir con un hermano que jugar juntos, Polaco, Vasco, Gonzalo, Lema…. Con su ayuda dimos ese salto de calidad y jugamos en Nacional hasta convertirnos en un gran equipo. Su estela la han seguido Mauri, su hermano Christian, Adrián, Pato y todo ese grupo que sabe lo que es pelear desde abajo en categorías inferiores sin llegar a XV para jugar un partido pero sabiendo que llevan la camiseta del club y que hay que salir a honrarla con lo que haya.

Pero si hay un atajo de cabrones que me ha hecho amar a este deporte sobre todas las cosas son esos que por mucho que te alaben fuera del club y te hagan creer que haces cosas que no haces te recuerdan quien eres y de donde vienes. Lo hacen riéndose en tu cara para después pasarte un litro. El rugby me ha dado la ocasión de conocer a mucha gente pero son mis amigos los que empezaron conmigo un camino en el que siempre teníamos a ese cabrón al lado para levantarte cuando te cayeras y después reírse en el tercer tiempo de la hostia que te habían dado. A esos no los nombro, los tenéis en la cabecera del blog porque ellos son mi rugby, son mi condición de veterano.

Sé que muchos faltarán por nombrar, espero que os deis por satisfechos al citar al grupo que os corresponde. Tampoco esperaba con este texto contar toda mi vida en el rugby, y mucho menos la parte como entrenador, pero así ha salido. Estos son mis 20 años desde que toqué un balón ovalado hasta esta semana cuando me he ganado la condición de veterano.

Una veintena de años de los que la mitad llevo acompañado y soportado de forma estoica por María. El rugby, mis rivales, mis entrenadores, mis compañeros pero sobre todo mis amigos han ayudado a hacerme como soy pero es mi mejor compañera quien me completó como persona, quien entendió este veneno y quien me hizo feliz por traer a Álvaro. Espero que algún día mi hijo pueda estar tan orgulloso de hacer algo como lo estoy yo por 20 años de rugby.

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13 comentarios el “SER VETERANO

  1. Lo de Álvaro pase, pero lo de veterano ya te estas allanando el camino para borrarte y eso si que no, el martes tenias 34, y en dos días no se cambia tanto así que ya sabes al lio y menos lloros, sino fíjate en Boniato o en Tito Lounge.

    Por otro lado muy emotivo, exceptuando la chapa de puesta de medallas.

    Y recuerda, el rugby no lo dejas, él te deja.

  2. Enhorabuena y felicidades. Ahora, a partir de los 35 , viene lo bueno.
    Mas Rugby, mas amigos, mas disfrute y te quedan otros 20 de veterano jugador como poco.
    Fdo: un Indusaurio

  3. piensa que todavía puedes mejorar (a pesar de la edad que tienes) podrás llegar a ser delantero si te esfuerzas

    mira ERRE, que está hecho todo un pilier

  4. Querido Felipe, a mi llamame veterano o lo que te de la gana (a ti te lo permito) pero ya sabes lo que pienso: mientras el entrenador te nombre cuando de la alineacion, seguiremos saltando al campo de batalla a partirnos el cuero, el dia que deje de hacerlo… Bueno lo pensare cuando tenga nietos.
    Un beso.
    Ares

  5. Excelente nota amigo! Habiendo comenzado un poco mayor a jugar, has pasado por casi todas las etapas de este deporte y dejando un legado muy grande en los más peques. Te aseguro que todos los que venimos de otro lado (y sus hijos) y han pasado por aquí, recordarán a Felipe Rodriguez como un hombre de club y, sobre todo, buena persona.

    A partir de ahora, a jugar y disfrutrar, que es gratis. Aunque todavía queda hilo en ese carretel y siempre serás mi flecha de plata…

    Abrazo grande amigo!

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